La influencia de la FIFA trasciende el ámbito deportivo y alcanza decisiones económicas y políticas de los países que aspiran a organizar una Copa del Mundo, según plantea un análisis elaborado por especialistas que examinan la evolución del organismo en las últimas décadas.
De acuerdo con el libro Otro futbol posible, de Paulina Chavira y Juan Jesús Garza Onofre, la organización de los Mundiales ha dejado de representar únicamente un reto deportivo para convertirse en un proceso que implica cambios legislativos, inversiones públicas de gran escala y la adopción de medidas solicitadas por la FIFA.
Los autores recuerdan que algunos de los casos más representativos ocurrieron durante las Copas del Mundo de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, donde la construcción de infraestructura deportiva estuvo marcada por fuertes inversiones públicas y, en el caso brasileño, por investigaciones relacionadas con sobrecostos y corrupción.
El análisis también destaca que Qatar 2022 significó un cambio histórico al modificar el calendario internacional del futbol para adaptar el torneo a las condiciones climáticas del país anfitrión. Al mismo tiempo, el Mundial fue objeto de cuestionamientos por las denuncias sobre las condiciones laborales de trabajadores migrantes involucrados en la construcción de estadios e infraestructura.
Otro de los temas abordados es la elección de Arabia Saudita como sede del Mundial de 2034, decisión que ha generado críticas de organizaciones internacionales por considerar que el país utiliza los grandes eventos deportivos para fortalecer su imagen en el escenario global.
A estas controversias se suma el antecedente del FIFAgate, el escándalo de corrupción destapado en 2015 que derivó en la detención de altos dirigentes de la organización y abrió un debate sobre los mecanismos de transparencia y gobernanza dentro del futbol internacional.
El estudio también hace referencia al proceso de organización del Mundial de 2026, que tendrá como sedes a México, Estados Unidos y Canadá. Los especialistas señalan que la preparación del torneo ha requerido diversos ajustes administrativos y fiscales para cumplir con las condiciones establecidas por la FIFA.
Por separado, la organización FairSquare sostiene en un informe que el crecimiento económico del futbol ha fortalecido la posición de la FIFA como un actor con capacidad de influir en políticas públicas y negociaciones con gobiernos. Según el documento, esa concentración de poder ha convertido a la elección de las sedes mundialistas en un proceso donde convergen intereses deportivos, económicos y políticos que continúan generando debate a nivel internacional.














